BIOMASA Y BIOGÁS

Las almazaras y entamadoras extremeñas analizan cómo producir electricidad y biogás con los residuos de alpechín y aceituna

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Extremadura es la tercera región española en extensión del cultivo del olivar con más de 250.000 hectáreas entre almazara y verdeo. Y la tercera que más aceituna produce, tras Andalucía y Castilla-La Mancha, con una media en torno a las 50.000 toneladas de aceite de oliva cada campaña. Aunque en la recién concluida se espera un 50% de la cosecha habitual. Las 119 almazaras operativas en Extremadura generan cada año miles de kilos de alpechines tras elaborar aceite de oliva.

Distintas investigaciones están desarrollando plantas piloto para convertir dichos alpechines en calor y electricidad. Hay que tener en cuenta que los alpechines provocan serios problemas medioambientales y que su eliminación tiene altos costes de transporte y logística. Los alpechines contienen una elevada salinidad así como compuestos orgánicos tóxicos.

El proyecto BIOGAS2PEM-FC, con fondos europeos, ha desarrollado un subsistema en tres fases. La primera de ellas consiste en una reacción de digestión anaerobia con la que producir biogás a partir de los residuos basado en el uso de los microorganismos para descomponer el material biodegradable en ausencia de oxígeno.

Tras este primer paso, se trata de convertir el biogás en otro gas rico en hidrógeno, para convertirlo durante la última fase en electricidad, mediante pilas de combustible, que transforman la energía química del combustible en electricidad, gracias a una reacción química basada en un agente oxidante, como por ejemplo el oxígeno.

El proyecto ha sido capaz de crear una planta prototipo de procesamiento que genera calor y electricidad para su uso en la almazara. También será posible convertir estos residuos en biogás.

Otros proyectos desarrollados en Andalucía están también investigando el aprovechamiento de las aguas residuales y subproductos sólidos orgánicos de las fábricas de aderezo de aceituna de mesa para producir biogás.

Durante el procesado de la aceituna se produce una gran cantidad de subproductos orgánicos procedentes, sobre todo, de la operación de deshuesado de la aceituna, donde se genera el hueso con su pulpa interior acompañado de otros restos de distintos destríos de aceitunas fuera de especificaciones y una serie de subproductos de carácter orgánico derivados de su producción. Alrededor de un 12% de la aceituna procesada se transforma en este tipo de subproductos.

Extremadura es la segunda productora de aceituna de mesa de España, con más de 90 industrias entamadoras y una producción de 107.000 toneladas, muy concentradas en Tierra de Barros y en el norte de Cáceres.

Uno de los mayores productores extremeños de tabaco instalará tres calderas de biomasa para curar 1,5 millones de kilos

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tobacco

El sector productor de tabaco en rama de las comarcas del norte de Cáceres se ha convertido en el mejor aliado para la implantación de la biomasa con fines industriales en Extremadura.

Cada vez son más las empresas y cooperativas del sector que han decidido sustituir sus calderas convencionales por otras de biomasa para el secado de su tabaco, tanto para conseguir importantes ahorros económicos como también para mejorar medioambientalmente su explotación.

Una de las últimas en hacerlo ha sido Finalima S.A., propiedad de Nicasio López Bote, considerada como una de las mayores productoras de tabaco de España y de la Unión Europea con 1,5 millones de kilos en cada campaña. Finalima también cuenta con plantaciones de espárrago blanco que exporta a numerosos países.

La empresa tiene sus cultivos de tabaco y espárragos en la finca El Baldío, en la localidad de Casatejada. Nicasio López Bote fue uno de los pioneros de la producción de tabaco en rama en Extremadura.

La Dirección General de Transportes, Ordenación del Territorio y Urbanismo del Gobierno de Extremadura tiene en periodo de información pública la reforma de plantas de secado en 95 secaderos de Finalima para los que se construirán tres calderas de biomasa.

El tabaco en verde se introduce en estructuras metálicas –hasta agrupar más de 600 kilos– para su secado mediante sistemas de aire caliente. A los siete u ocho días de secado el tabaco ya está curado y listo para su traslado a las industrias transformadoras, que en el caso extremeño suelen ser la española Cetarsa o la italiana Mella.

“Sin confianza en la cadena de suministro, la biomasa térmica seguirá teniendo dificultades para competir con los combustibles fósiles”

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carmen interbiomasa

Por Carmen Pérez Atanet
Directora de Interbiomasa

La biomasa como fuente de energía para producción de calor en Extremadura está empezando a crecer, tiene un gran recorrido y muchas ventajas como la generación de empleo y riqueza, si bien el sector bioenergía como tal es un sector incipiente, aún no consolidado y con grandes barreras para ello. Los distintos agentes pertenecientes a la cadena de valor de la biomasa están faltos de interconexión entre ellos y sería necesario el establecimiento de sinergias y mecanismos de vinculación para fortalecer el sector e incrementar la demanda.

El camino para conseguirlo deben ser las políticas de apoyo al sector, uniformes y sobre todo estables a lo largo del tiempo, y un incremento de la presencia en internet y redes sociales por un lado. Así como, por otro, la mejora de la logística de distribución a usuarios por parte de las pequeñas y medianas empresas del sector, que al fin y al cabo conforman la mayor parte del tejido empresarial extremeño.

Confianza

Por otro lado la confianza del usuario final en la cadena de suministro de la biomasa para usos térmicos, desde el combustible hasta la instalación de calderas eficientes y fiables en su mantenimiento, es una de las claves para conseguir que este mercado de la biomasa se desarrolle de modo más rápido y con garantías de éxito.

En definitiva, los consumidores aún perciben la biomasa como una opción, como una alternativa con cierto nivel de riesgo tecnológico y de suministro. Sin confianza en la cadena de suministro, la biomasa térmica seguirá teniendo dificultades para competir con los combustibles fósiles.

En este sentido detectamos que el sector de los instaladores, en general, debería estar más especializado en este tipo de instalaciones y dar al usuario una solución de forma rápida (pues percibimos lentitud en ofertar) y sobre todo lo más económica posible, evitando sobredimensionamiento en las calderas y la instalación de elementos no necesarios en ocasiones, como puede ser el depósito de inercia.

Redes sociales

Una de las herramientas clave que el sector de la bioenergía tiene a su alcance para lograr el incremento de la demanda de productos, es mejorar la comunicación y la promoción de las ventajas de la biomasa como combustible para usos térmicos.

Las acciones que las empresas del sector han venido usando tradicionalmente para ello han sido: campañas en televisión, difusión de casos de éxito, destacando el ahorro económico y la creación de empleo que implica el uso de biomasa. Pero esto no ha sido suficiente para estimular la demanda. Por eso, en nuestra opinión, es importante pensar en las TICs, sobre todo en dos “nuevos” canales de comunicación: Internet y redes sociales.

Para el sector bioenergía ha creado un nuevo cliente/usuario, con mayor nivel cultural, mucho más informado y exigente, al que le encanta comparar y usa internet para ello. Hay que apostar claramente por estas nuevas generaciones. La gente mayor no cambia. Este nuevo perfil de usuario/cliente ha generado un nuevo modo de comprar: ahora internet es una parte fundamental del proceso de compra. Los consumidores se informan acerca de los productos, las marcas y las ofertas en internet antes de dirigirse a las tiendas para realizar su compra.

Internet

Si el medio ha cambiado, influyendo además en la capacidad de comparar de los consumidores, las empresas en general deben adaptar sus estrategias de marketing al nuevo medio. Sin embargo, estudios de mercado realizados por Interbiomasa en el año 2013, concluyen que muchas empresas del sector de la biomasa térmica, tienen una baja o inexistente presencia en Internet y en las redes sociales, especialmente las más pequeñas. De hecho algunas no disponen de página web, y en el caso de tenerla, en la mayoría de las ocasiones se trata de webs de baja calidad, desactualizadas, poco usables, mal posicionadas, y en definitiva desaprovechadas.

Por lo que la presencia de este sector en las redes sociales es muy baja, y se le da poca importancia al ‘socialmedia marketing’. Se hace mucha difusión pero sin prestar atención al concepto, existe poca conectividad con el usuario, y por tanto un bajo nivel de interacción.

Nuevas estrategias

Por ello, el sector biomasa debería adoptar nuevas estrategias de comercialización basadas en el potencial de las redes sociales, el marketing y la venta on-line, para aumentar la rentabilidad sus modelos de negocio. Además, la venta on-line de productos que no requieran de instalación, como biocombustibles y estufas de biomasa, presenta un gran recorrido para las empresas como complemento al comercio físico. En definitiva, un excelente canal para llegar al usuario de biomasa térmica.

Transporte

Por último, la logística, otro de los principales cuellos de botella para crecimiento de biomasa. La logística en Extremadura está mejorando muy lentamente, con la implantación de los centros logísticos de biomasa en la región, uno en Villafranca de los Barros y otro en Talayuela, pero aún queda mucho por mejorar. El transporte de la biomasa es muy caro aunque una logística más organizada por parte de las empresas podría abaratarlo.

Por otro lado no está suficientemente perfeccionado de cara a la entrega al usuario. Es decir, la descarga del biocombustible en la propiedad del usuario adolece de falta de medios técnicos, por ejemplo camiones neumáticos que descarguen de forma fácil el biocombustible, de modo similar a como se producen las descargas de gasoil. Esto hace que muchos usuarios no se planteen la biomasa térmica como una alternativa a la calefacción

En definitiva, de cara al usuario una instalación de biomasa debe ser tan segura, cómoda y eficiente como una de gas natural o gasóleo. La seguridad y eficiencia de los equipos es una realidad -aunque falta convencer al usuario de ello-, pero en cuanto a comodidad, aún hay mucho camino que recorrer.