Pedro Fresco, especialista en el mercado eléctrico: “La combinación de autoconsumo y almacenamiento va a alterar la relación entre la red eléctrica y el consumidor”

Entrevista con
Pedro Fresco
Autor de “El futuro de la energía en 100 preguntas”
Pedro Fresco, especialista en el mercado eléctrico y gasista y experto de la Universidad Internacional de Valencia, ha presentado recientemente su libro “El futuro de la energía en 100 preguntas”.
¿Hacia dónde va a cambiar el mundo energético en los próximos años según tu libro «El futuro de la energía en 100 preguntas«?
En el libro sostengo que hay tres idea clave que van a marcar el futuro de la energía. La primera es que la energía del futuro será renovable, pasando de un modelo de energías con base fósil a un modelo basado en las energías alternativas. La segunda idea es que el futuro es eléctrico, es decir, iremos hacia una sustitución de combustibles por electricidad, electrificando el transporte, la climatización, etc. Y, finalmente, la tercera idea clave es que el futuro de la energía será descentralizado, yendo a un modelo en el que no serán sólo las grandes centrales las que generarán la energía sino que también lo haremos nosotros mismos, convirtiéndonos en prosumidores.
Hasta no hace mucho las empresas eléctricas eran las grandes protagonistas del sector. ¿Ahora también lo son los propios clientes que puede convertirse en sus propios productores?
Efectivamente, esa es una de las claves del futuro. No es que las grandes centrales o los grandes generadores vayan a desaparecer, van a seguir existiendo porque el sistema eléctrico y ciertas actividades los necesitan, pero progresivamente iremos sustituyendo parte de esa generación centralizada por una descentralizada, propia. Y esto es algo que va a suceder en el consumidor doméstico pero también en el sector servicios o las empresas industriales.
¿Hasta qué punto el autoconsumo y la posibilidad del almacenamiento de energía con baterías va a cambiar el mundo energético?
Va a cambiarlo radicalmente. El almacenamiento, a nivel de grandes centrales o de sistema eléctrico, es lo que nos va a permitir prescindir progresivamente de las centrales térmicas e ir hacia un sistema eléctrico 100% renovable. Pero, además, la combinación de autoconsumo y almacenamiento a nivel de consumidor final va a alterar la naturaleza de la relación entre la red eléctrica y el consumidor.
Con sistemas de autoconsumo y almacenamiento económicamente competitivos, la mayoría de consumidores finales van a poder ser casi autosuficientes o, incluso, muchos podrán plantearse desconectarse de la red eléctrica, sobre todo una vez tengamos “baterías móviles” que serán nuestros vehículos eléctricos. La red ofrecerá ventajas, como vender o compartir la energía producida, pero habrá quién no las necesite. Cómo se ajustará todo es aún incierto, pero lo que es seguro es que en un par de décadas será muy distinto.
¿La movilidad eléctrica total, con el fin de los combustibles fósiles en la automoción en algunas décadas, qué necesita para ser viable?
Viable técnicamente ya es a nivel de vehículo particular, transporte de mercancías ligeras o transporte público urbano. En otros ámbitos, como la aviación, el transporte marítimo o el transporte internacional por carretera, todavía no lo es. El campo que me parece más complicado es la aviación, donde probablemente habrá que optar por alternativas como el hidrógeno, que en cualquier caso también sería renovable.
En todo caso, el campo de la movilidad eléctrica está evolucionando muy rápidamente. Cada año los nuevos modelos tienen más autonomía y las baterías son más baratas, y esa tendencia continuará en el futuro. En muy pocos años, los utilitarios eléctricos serán más competitivos que los vehículos de combustión gracias a sus menores costes variables y de mantenimiento. En cuanto eliminemos la frontera psicológica de la autonomía, que superaremos con una infraestructura de recargas rápidas adecuada, la revolución del vehículo eléctrico será imparable.
El coste energético es clave para muchos pequeños negocios (pymes, cooperativas, comercios, hostelería…). ¿Puede bajar sensiblemente en los próximos años el precio de la energía? ¿De qué dependerá más?
Hoy en día las energías renovables más maduras, la eólica y la solar fotovoltaica, son las energías que pueden generar electricidad a precio más bajo, así que su progresiva implantación debería hacer bajar el precio de la electricidad. Sin embargo, estas energías tienen un hándicap, que son intermitentes, y por tanto a partir de cierto grado de implantación será necesario complementarlas con almacenamiento u otras renovables no intermitentes que pueden ser más caras. Como aún no hemos llegado a ese punto no sabemos si en ese momento el precio de esas renovables y de ese almacenamiento encarecerá el recibo. Yo soy optimista y creo que en menos de una década tendremos sistemas de almacenamiento combinados con energías intermitentes que serán más baratos que cualquier alternativa fósil.
Eso es para la electricidad, sin embargo para el resto de energías (gas natural, gasóleo, gasolina, etc.) la tendencia será al encarecimiento. La lucha contra el cambio climático va a obligar a desincentivar su uso, algo que probablemente vendrá mediante su incremento de precio vía impuestos. Ya hay algunas propuestas en ese sentido, que pretenden aumentar la imposición sobre los combustibles y bajarla sobre la electricidad, para facilitar esa electrificación.
En todo caso quiero dejar un mensaje optimista. La posibilidad de autogenerar nuestra propia energía a precios cada vez más baratos nos va a permitir reducir nuestros costes energéticos. Una gestión cada vez más inteligente de la energía, las mejoras en la eficiencia energética y la nueva realidad a la que nos llevará ser prosumidores también operarán en nuestro interés. Si nos movemos con los tiempos, este nuevo paradigma será positivo para las empresas y abrirá muchas oportunidades de negocio que hoy ni siquiera somos capaces de vislumbrar.
El Informe de Renovables de REE destaca el gran protagonismo de Extremadura en fotovoltaica, termosolar e hidráulica

Las renovables en España representaban el 46 % de la potencia instalada en el conjunto del parque generador a finales de 2017, al situarse en 48.185 MW. Esta cifra es el resultado de una larga senda de crecimiento que se estabiliza a partir de 2013, con apenas una pequeña variación del 0,6 % en los últimos cinco años, según los datos del Informe de Renovables de REE del año 2017.
Por comunidades autónomas, la mayor parte de la potencia renovable instalada en España se ubica en Castilla y León, Galicia, Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura, que concentran más de la mitad de la potencia renovable nacional. Dentro de estas comunidades, Castilla León y Castilla-La Mancha destacan por su elevada cuota de renovables, más del 70 % de su potencia instalada.
Por comunidades autónomas, Castilla-La Mancha es actualmente la comunidad con más potencia solar fotovoltaica instalada con casi un 20 % del total nacional, seguida muy de cerca por Andalucía y algo más lejos por Extremadura y Castilla y León. Solo estas cuatro comunidades concentran el 61 % de la potencia fotovoltaica instalada en España. Por el lado contrario, destacan las comunidades de la cornisa cantábrica todas ellas por debajo del 1 % respecto al conjunto nacional, según los datos del Informe de Renovables del REE para 2017.
En el caso de la solar térmica tan solo seis comunidades tienen este tipo de instalaciones, siendo Andalucía la comunidad con más potencia instalada seguida por Extremadura, acumulando entre ambas el 80 % de la potencia total instalada de esta tecnología.
Por Comunidades Autónomas, Castilla y León es la región con más potencia eólica instalada, más de un 24 % de toda la potencia nacional, seguida de Castilla-La Mancha, Galicia y Andalucía. Solo estas cuatro comunidades suponen el 70 % de la potencia eólica instalada en España.
Por comunidades autónomas, Castilla y León es la comunidad con más potencia hidráulica instalada con casi un 26 % de toda la potencia nacional, ya que alberga en exclusividad la cuenca del Duero, la segunda más importante de la península Ibérica. Le sigue Galicia con casi el 22 % del total nacional, aglutinando gran parte de la cuenca Norte, que es la más importante por potencia instalada que abarca también Asturias, Cantabria y parte del País Vasco. Extremadura cuenta con el 13% de la potencia hidráulica instalada del país.
En cuanto a la generación de 2017, las renovables condicionadas por la escasa generación hidroeléctrica descienden respecto al año anterior un 16,3 % hasta los 84.505 GWh, la producción más baja desde el año 2009. Asimismo, las renovables reducen su cuota en el conjunto de la generación al 32,1 %, frente al 38,4 % del año anterior. En el sistema eléctrico peninsular, que representa casi el 95 % de la generación nacional, la cuota de renovables se situó en 2017 en el 33,7 %.
Este descenso de generación renovable en 2017 se ha visto compensada por una mayor producción de origen térmico con centrales de carbón y ciclos combinados, lo que ha tenido como consecuencia un incremento de las emisiones de CO 2 del 17,9 % respecto al año anterior.
La eólica sigue siendo la tecnología renovable más relevante en el mix de generación nacional, suponiendo un 18,2 % de la producción total, lo que la sitúa en segundo lugar tras la nuclear. Respecto al resto de fuentes de origen renovable, esta tecnología supone por sí sola casi el 57 % de toda la producción renovable.
En comparación con el resto de países europeos, España se ha situado en 2017 en sexta posición en volumen de generación renovable. En cuanto a la cuota de renovables respecto a la generación total, España se mantiene por encima de la media de un grupo de países europeos de los que se dispone datos de una serie de varios años, en los que también se observa una evolución positiva motivada por los objetivos establecidos por la Unión Europea en materia de renovables y emisiones.
Iberdrola completa la digitalización de sus redes de distribución en Extremadura con 322.000 contadores inteligentes

Iberdrola ha concluido el proceso de digitalización de su red de distribución en Extremadura, con la instalación de más de 322.000 contadores digitales, tras invertir 37 millones de euros.
En España, con una inversión acumulada de 2.000 millones de euros, el proyecto Star ha instalado 10,7 millones de contadores digitales y la infraestructura que los soporta y ha adaptado alrededor de 90.000 centros de transformación en España, a los que ha incorporado capacidades de telegestión, supervisión y automatización.
Con este proceso de transformación de las redes hacia una infraestructura inteligente avanza en su estrategia de transición energética y contribuye a la descarbonización de la economía, mejorando la eficiencia de la red, optimizando la gestión de la demanda y favoreciendo la integración de más renovables y la movilidad eléctrica.
De esta forma, también, se responde a las nuevas tendencias en la relación con sus clientes, que demandan productos y servicios más personalizados y una gestión más activa de cómo consumir electricidad.
Con la digitalización de la red, el consumidor de electricidad puede conocer en tiempo real, entre otros datos, sus curvas de consumo, así como la demanda de potencia máxima, o la forma en la que se distribuye el consumo de energía eléctrica, lo que permite hacer un uso más eficiente de la electricidad, decidiendo el tipo de tarifa que se adapta mejor a su perfil y modo de vida.
Iberdrola emplea estándares internacionales y robustos algoritmos de cifrados de máxima seguridad que garantizan la autenticación, confidencialidad y privacidad de cada uno de sus equipos digitales, mediante identificaciones únicas de usuario y contraseña. Además, los contadores digitales emplean claves criptográficas de alta seguridad, de acuerdo a estándares internacionalmente, que permiten que los paquetes de datos salgan cifrados y autenticados.
Una red automatizada y digitalizada tiene un efecto muy positivo sobre la eficiencia en el servicio y la calidad de suministro al disminuir las incidencias y su duración. Asimismo, se dispone de más información que permite detectar fraudes y conseguir minimizar las pérdidas, además de incrementar la seguridad, tanto de los empleados como de los proveedores que trabajan en la red.
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