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Statkraft logra el permiso ambiental para su primer proyecto de almacenamiento energético en Extremadura

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Statkraft, primer productor renovable de Europa y líder en el mercado de PPAs, ha logrado la autorización ambiental favorable, concedida por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, de su proyecto de almacenamiento energético Talayuela II BESS, en el municipio cacereño de Talayuela, la primera hibridación con baterías que desarrolla en Extremadura y uno de sus primeros proyectos de almacenamiento energético en España.

Hibridado a la planta solar fotovoltaica Talayuela II, este proyecto supondrá la puesta en marcha de un sistema de almacenamiento energético con baterías con tecnología LPF (litio-ferrofosfato) y un tiempo de carga y descarga de dos horas. Tendrá una potencia instalada de 23,87 MW y una capacidad de almacenamiento de energía de 47,74 MWh. Gracias a la instalación de este sistema, la planta fotovoltaica Talayuela II, de 44,5 MW de potencia instalada será capaz de gestionar la energía en picos de producción, cuando la red esté saturada, mejorando su eficiencia, lo que, a su vez, fomentará la seguridad y garantía de suministro.

Los sistemas de almacenamiento, que incorporan flexibilidad al sistema eléctrico, permiten almacenar energía que será suministrada cuando la energía renovable no produce lo suficiente para cubrir la demanda, garantizando así la estabilidad de suministro y contribuyendo a paliar la volatilidad de precios del mercado eléctrico.

Tras la obtención del permiso medioambiental, Statkraft avanza en la tramitación de este proyecto, cuyo siguiente objetivo es obtener las autorizaciones administrativas en los próximos meses. Con una inversión de alrededor de 12 millones de euros, este nuevo desarrollo renovable garantiza su integración armoniosa en el entorno natural y supone un importante avance en el desarrollo del almacenamiento energético en España, que resulta clave para asegurar la transición energética.

Además, este proyecto ha sido seleccionado para recibir una ayuda pública, que puede alcanzar los 2,5 millones de euros, por parte del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, en el marco de la  1ª Convocatoria de ayudas para proyectos innovadores de almacenamiento energético hibridado con instalaciones de generación de energía eléctrica a partir de fuentes de energía renovables, de fondos europeos Next Generation EU, articulados a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, y que beneficia aquellos proyectos de almacenamiento energético.

Plantas de almacenamiento stand-alone: un nuevo protagonista en la transición energética

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Texto:
Ana Guijarro Durán
Ingeniera eléctrica de la Unidad de Energía de Arram Consultores, SL

El almacenamiento de energía se está consolidando como uno de los pilares para la evolución del sistema eléctrico. Hasta hace pocos años, su papel se limitaba casi exclusivamente a complementar instalaciones renovables, principalmente solares o eólicas. Sin embargo, la rápida evolución tecnológica, la reducción de costes y la necesidad creciente de gestionar la variabilidad de la generación han dado paso a una nueva tendencia: las plantas de almacenamiento stand-alone.

Este tipo de instalaciones, compuestas por sistemas de baterías conectados directamente a la red, sin depender de una planta de generación específica, están ganando terreno en los mercados eléctricos más dinámicos. Su objetivo ya no es solo “guardar” energía, sino aportar servicios concretos para mejorar la estabilidad, la eficiencia y la flexibilidad del sistema.

¿Qué es una planta de almacenamiento stand-alone?

Una planta de almacenamiento stand-alone es una infraestructura energética compuesta por baterías de gran capacidad, sistemas de conversión de energía (inversores), transformadores, protecciones eléctricas y una serie de sistemas auxiliares. A diferencia de los proyectos híbridos —donde el almacenamiento está asociado a una fuente renovable como el sol o el viento—, aquí las baterías operan de forma independiente y se conectan directamente al sistema eléctrico.

Estas instalaciones permiten ofrecer una gama diversa de servicios que hasta hace poco estaban reservados a las centrales convencionales. Entre los más relevantes destacan:

  • Arbitraje energético: cargar las baterías cuando la electricidad es barata y descargarla cuando es cara.
  • Regulación de frecuencia y tensión: para mantener la estabilidad del sistema en tiempo real.
  • Control de rampas: suavizar subidas o bajadas bruscas de generación o consumo.
  • Black start: capacidad para arrancar secciones del sistema eléctrico tras un apagón generalizado.
  • Servicios auxiliares: apoyo al operador del sistema en la operación diaria de la red.

Este enfoque posiciona al almacenamiento como un activo de operación estratégica, con valor propio en el mercado, más allá de su función de respaldo.

Aspectos técnicos del diseño

Aunque el diseño puede variar según el entorno, la normativa o el modelo de negocio, la mayoría de las plantas comparten una arquitectura técnica similar. En el núcleo del sistema están las baterías de ion-litio, con preferencia por la química LFP (litio ferrofosfato) por su mayor estabilidad térmica, durabilidad y menor riesgo de incendio frente a otras opciones como NMC.

En términos de escala, los proyectos pequeños pueden comenzar en torno a los 10 MW / 20 MWh, mientras que las plantas de mayor tamaño superan los 100 MW y varias horas de capacidad de almacenamiento. El ratio energía/potencia (conocido como storage duration) se adapta según el uso previsto: una planta enfocada a regulación de frecuencia puede tener una duración de 1 hora, mientras que una orientada al arbitraje puede requerir 2 o incluso 4 horas de almacenamiento.

La infraestructura se completa con inversores bidireccionales (Power Conversion Systems, PCS), transformadores de media tensión, sistemas de protección y automatización, y plataformas SCADA que permiten supervisar y operar el sistema, así como interactuar con el operador de red.

Principales desafíos técnicos

Uno de los retos más importantes es la gestión térmica. Las baterías deben operar en un rango óptimo de temperatura, habitualmente entre 15 °C y 30 °C, lo que requiere sistemas HVAC bien dimensionados, sobre todo si las unidades están en contenedores cerrados o se ubican en zonas con climas extremos.

La seguridad frente a incendios es otro punto crítico. En este tipo de instalaciones se aplican medidas específicas como compartimentación, detección por sensores de gas o temperatura, y sistemas de extinción con aerosoles o gases inertes. Las normativas más reconocidas, como la NFPA 855 y la UL 9540A, marcan la pauta en muchos mercados.

Desde el punto de vista eléctrico, también hay exigencias relevantes: tiempos de respuesta muy rápidos (inferiores a un segundo en algunos servicios), cumplimiento de parámetros de calidad de potencia, y compatibilidad con los requerimientos del operador del sistema.

Impacto en el sistema eléctrico

El valor de estas plantas va más allá de su capacidad para almacenar energía. En un sistema con creciente participación de fuentes renovables, que son intermitentes por naturaleza, contar con almacenamiento independiente permite amortiguar variaciones, reducir la dependencia de centrales fósiles y evitar inversiones en refuerzo de red.

Además, su capacidad para participar en distintos mercados —energía, capacidad, servicios auxiliares— abre la puerta a modelos de negocio diversificados, donde el almacenamiento deja de ser un coste añadido y pasa a convertirse en una fuente de ingresos.

Conclusión

Las plantas de almacenamiento stand-alone representan una evolución lógica en el camino hacia un sistema eléctrico más limpio, resiliente y eficiente. Aunque su desarrollo implica superar retos técnicos y normativos, su potencial para aportar estabilidad, flexibilidad y valor económico es indiscutible. Con la madurez tecnológica alcanzada y un entorno regulatorio cada vez más receptivo, todo apunta a que este tipo de soluciones jugará un papel central en la transición energética de los próximos años.

El Ministerio espera que entre 80 y 120 grandes proyectos de almacenamiento energético se puedan desarrollar con las ayudas de 700 millones de euros

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El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) ha lanzado a finales de marzo la información pública la Orden por la que se establecen las bases reguladoras para la concesión de ayudas a proyectos innovadores de almacenamiento energético, que estarán cofinanciadas con fondos europeos del Programa Plurirregional FEDER 2021-2027. La iniciativa incluye el texto de la propia convocatoria de ayudas. Ambas pueden consultarse aquí.

Con este programa se dará un impulso decisivo al despliegue del almacenamiento de energía eléctrica a gran escala, gracias a la creación de nuevas instalaciones que proporcionarán mayor flexibilidad al sector. Se favorecerá además el proceso de descarbonización del sistema español de la mano de la expansión de tecnologías fundamentales para la integración de las energías renovables.

La convocatoria de ayudas, dotada con 700 millones de euros, estará gestionada por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), entidad adscrita al MITECO.

Será posible la cofinanciación de las siguientes inversiones:

a) Proyectos de almacenamiento de energía independientes, conectados a las redes de transporte y distribución de energía eléctrica. Podrá incluir, entre otros: bombeo reversible (nuevos y sobre infraestructuras existentes), stand-alone, almacenamiento térmico, etc…

b) Proyectos de almacenamiento hibridado con instalaciones de generación de energía eléctrica con fuentes renovables, existentes o nuevas.

Serán costes subvencionables la ejecución de la obra civil e instalaciones de almacenamiento, los equipos y sistemas auxiliares y otros gastos asociados como transporte, montaje, dirección de obra, coordinación de seguridad y salud…

El programa estará cofinanciado por los fondos FEDER 2021-2027, cuyo objetivo es fortalecer la cohesión socioeconómica dentro de la Unión Europea reduciendo las disparidades entre los niveles de desarrollo de las distintas regiones. Esos desequilibrios se corrigen mediante la financiación de inversiones estructurales en los territorios menos favorecidos, promoviendo un desarrollo sostenible y afrontando los retos medioambientales.

Es por esta razón por la que las ayudas para proyectos innovadores de almacenamiento energético tendrán un presupuesto asignado por comunidades autónomas, con mayor asignación a aquellas consideradas como menos desarrolladas o en transición, todo ello en función de los fondos que la Autoridad de Gestión del FEDER ha consignado al IDAE. La distribución establecida en la convocatoria de ayudas es la siguiente:

La selección de las solicitudes se realizará para el presupuesto asignado en cada CCAA, ordenando los proyectos elegibles por tipo de almacenamiento y puntuación, hasta agotar el mismo.

Con estas ayudas se prevé que puedan financiarse entre 80 y 120 proyectos, que deberán estar concluidos antes del 31 de diciembre de 2029. Teniendo en consideración los ratios de ayuda concedida por MW de almacenamiento en convocatorias anteriores, podrían esperarse de 2,5 GW a 3,5 GW de nueva capacidad.

Este impulso al desarrollo del almacenamiento energético contribuirá a asegurar la transformación del sistema energético para que sea más flexible, robusto y resiliente. Con el refuerzo de esta tecnología se logrará también una mayor penetración de las fuentes de energías renovables en el sistema eléctrico español, ya que el almacenamiento actúa como un elemento habilitador de las mismas.

Las ayudas reducirán al mismo tiempo la dependencia de España de los combustibles fósiles, haciendo frente a la crisis climática, en línea con lo establecido tanto por el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) como por el Plan REPower EU.