BIOMASA Y BIOGÁS
“Con los subproductos del olivar que se generan se podrían autoabastecer de energía las almazaras”

Por José Antonio La Cal, socio fundador de BIOLIZA
José Antonio La Cal es uno de los mayores expertos en el mercado español en el aprovechamiento de los subproductos de olivar, un mercado con su mucho potencial de desarrollo en Extremadura gracias a su gran extensión de olivar y a su creciente producción de aceituna almazara. En dos de las tres últimas campañas, la región ha batido su récord histórico de producción con más de 72.000 toneladas por campaña. Extremadura dispone de cuatro orujeras activas inscritas en ANEO, la asociación empresarial del sector.
El olivar es generador de un volumen importante de subproductos susceptibles de ser valorizados energéticamente. Entre ellos cabe citar los siguientes:
-Restos de podas, tanto fracción fina o “ramón”, como gruesa o “leña” generados en la explotación agrícola como consecuencia del proceso de poda, normalmente cada 2 años, y en una cantidad que puede situarse en el orden de 1,75 t/ha. suelen ser astillados y depositados en el terreno como aporte orgánico y también quemados directamente a cielo abierto con el objetivo de eliminarlos rápidamente de la explotación para evitar la propagación de plagas como el llamado “barrenillo”. También es una biomasa utilizada en plantas de generación de energía eléctrica mediante combustión.
-“Hojín” y restos de pequeñas ramas en el patio de la almazara como consecuencia de las operaciones de limpieza del fruto. Suelen ser eliminados directamente o bien aprovechados como alimento para ganado o como codigestato en plantas de compostaje junto con otros subproductos como orujo y estiércol animal.
-“Hueso de aceituna” extraído directamente de la corriente de orujo en la almazara. A pesar de no ser un biocombustible de calidad para usos térmicos por su elevada humedad y su contenido en pulpa y finos, es comercializado directamente para fines térmicos. En algunas ocasiones es utilizado como materia prima en industrias productoras de biomasa en las que, previo secado y limpieza, se genera un hueso de almazara limpio, apto para sistemas de calefacción en los ámbitos doméstico y terciario. El porcentaje en materia sólida del orujo es de aproximadamente el 13%.
-“Orujo graso y húmedo” procedente del proceso de obtención del aceite de oliva, también denominado “alperujo”. Se genera también en la almazara en un porcentaje aproximado del 80% en peso de la aceituna. Su destino final suele ser el deshuesado, el llamado “repaso” para la extracción de aceite residual por medios mecánicos, y su envío a la extractora de aceite de orujo para la obtención de aceite de orujo de oliva, el cual debe ser refinado posteriormente.
-Orujo extractado o seco, también llamado “orujillo” obtenido como co-producto en las industrias de extracción del aceite de orujo u orujeras. En general, de 1 tonelada de orujo graso y húmedo se obtiene en torno a un 33% de orujillo con una humedad de entre el 7 y el 8%. Se ha utilizado tradicionalmente como combustible en las propias extractoras y también en las denominadas “plantas de biomasa”. Durante algunos años también ha sido objeto de exportación para su empleo en centrales térmicas de carbón, lo que se conoce como “co-combustión”. Actualmente, y como consecuencia de la caída de las exportaciones y del estancamiento de los proyectos de nuevas plantas de generación de energía eléctrica con biomasa, está siendo objeto de estudio para nuevos proyectos como su conversión termoquímica mediante gasificación para la producción combinada de energía eléctrica y térmica.
Por otra parte, la almazara consume una cantidad importante de energía eléctrica para sus procesos productivos, y en menor medida térmica, la cual es generada con el propio hueso extraído del orujo, si bien como se ha comentado no en las mejores condiciones de eficiencia energética, dado que se trata de calderas en su mayor parte de bajos rendimientos y de un combustible con un elevado grado de humedad (> 40%), pulpa y de finos, lo que dificulta la combustión y contribuye a incrementar los niveles de emisiones a la atmósfera, sobre todo de partículas.
Reutilizar subproductos
La pregunta que habría que formularse es la siguiente: ¿cómo podrían utilizarse los subproductos que genera el olivar para satisfacer, parcial o totalmente, los consumos energéticos térmicos y eléctricos de una almazara? De esta manera se conseguirían reducir costes de explotación e impactos al medio ambiente como consecuencia de sustituir electricidad de origen fósil por renovables, en este caso biomasa, disminuyendo así la llamada “huella de carbono” e incrementando la competitividad de la almazara como industria.
Una alternativa, no la única, podría ser la basada en emplear astillas procedentes de los restos de poda como combustible en una instalación de gasificación, tecnología que consiste en someter a la biomasa a un proceso de combustión parcial a elevada temperatura (unos 1.100 ºC) y en ausencia de oxígeno, lo que permite obtener un gas sintético o “syngas” el cual, una vez tratado (eliminadas las partículas, el agua y los condensados) puede ser empleado como combustible en un grupo moto-generador para la producción combinada de energía eléctrica y térmica en modo “autoconsumo” de acuerdo a la legislación actual vigente.
La eléctrica podría utilizarse para cubrir total o parcialmente la demanda de electricidad de la almazara (en caso de excedentes podría ser vertida a la red y comercializada a precios de mercado); y la térmica (a dos rangos de temperatura, 90º y 450ºC de refrigeración de camisas y escape de motores respectivamente) para generar el agua caliente del proceso (liberando así hueso húmedo para su venta como biomasa de calidad una vez seco y limpio), o para el secado de hueso y el orujo (pre-secado previo a su envío a la extractora): o, incluso, para la depuración de los efluentes líquidos (aguas de lavado de almazara y de vegetación del fruto) de cara a la obtención de un producto apto para el riego.
Con esta alternativa por un lado se consigue valorizar la fracción gruesa de los restos de las podas, que es la que mayor problemas de gestión está causando a los agricultores; y, por otro, autoabastecer prácticamente de energía la almazara, reduciendo, como ya se ha comentado, la huella de carbono del aceite de oliva, lo que le va a permitir competir en mercados más exigentes con los aspectos ligados a la sostenibilidad.
Además de los beneficios económicos, energéticos y medioambientales, habría que añadir las ventajas de carácter operativo y estratégico, al no depender de fuentes de energía externas y sometidas a controles y regulaciones lejos del alcance de los gestores de la almazara. Se trata pues de un modelo sostenible desde todos los puntos de vista, no solo medioambiental puesto que depende de recursos locales y autóctonos generados por los propios olivareros.

Francisco Castañares (AEEFOR) “Las plantas de biomasa de Moraleja y Herrera del Duque producirán 70.000 toneladas de pellets certificados cada una”

Entrevista con
Francisco Castañares
Presidente de AEEFOR (Asociación Extremeña de Empresas Forestales y de Medio Ambiente)
En octubre del 2017 se anunció el proyecto para abrir tres centrales de biomasa térmica en Moraleja, Herrera del Duque y Las Hurdes, con participación de empresas privadas y de Extremadura Avante. ¿En qué fase se encuentran dichos proyectos y cuál sería su objetivo final en cuanto a producción?
Así es. En estos momentos estamos ultimando los preparativos para arrancar con las dos primeras plantas, en Moraleja y Herrera del Duque, algo que haremos este próximo otoño/invierno. La tramitación administrativa, siempre procelosa, y las cuestiones financieras serían, digámoslo así, las que protagonizarían el momento procesal en que nos encontramos en estos momentos. La planta de Las Hurdes estaba inicialmente prevista para su arranque en 2020 y como es lógico su tramitación va más lenta. En estos momentos estamos estudiando los suelos para decidir la ubicación más adecuada, algo ya resuelto hace meses en Moraleja y Herrera. Cada una de las tres plantas va a producir unas 70.000 toneladas de pellets certificados y aptos para su comercialización en Europa, aunque nuestro objetivo es desarrollar el consumo de la biomasa aquí, en Extremadura y España, sin olvidar el mercado portugués
¿Además de biomasa térmica, en una segunda fase, dichos proyectos podrían llevar a cabo la producción directa de energía eléctrica?
Sin duda. Hace algunas semanas se incorporó Acciona al protocolo que un grupo de empresas extremeñas suscribimos hace un año con el Presidente de la Junta de Extremadura. El hecho de que la multinacional española más emblemática en materia de sostenibilidad se haya incorporado a nuestro proyecto de Economía Verde y Circular nos proporciona un enorme músculo financiero, tecnológico y mediático. El presidente de Acciona, José Manuel Entrecanales, dijo el día de la firma del Protocolo en Mérida que están muy ilusionados con este proyecto, que va a ser pieza esencial a la hora de ayudarnos a fijar población al medio rural y frenar el despoblamiento creciente. Acciona está estudiando invertir en una o dos plantas de biomasa eléctrica que podrían tener una potencia instalada de entre 50 y 100 Mw.
Desde hace varios años se lleva hablando en la región de un Plan Director de Biomasa que ponga de acuerdo a todos los sectores involucrados en la misma ¿Sería factible lograrlo para dar estabilidad al sector?
Nosotros tenemos nuestro modelo y lo estamos desarrollando. Es algo más que un plan de explotación de la biomasa. Parte de una realidad, dramática, como los incendios forestales, que en nuestra región se manifiestan con especial virulencia. ¿Por qué ocurren? Pues ocurren porque hay un exceso de combustible en el interior de los montes, lo que provoca que, en caso de incendio, enseguida estén fuera de capacidad de extinción. Los incendios hoy ya no son sólo un problema medioambiental. Son un problema de protección civil. El elemento de riesgo más habitual para la vida de las personas en los países de clima mediterráneo. Acuérdese de Pedrogão y el norte de Portugal en 2017. O Galicia ese mismo año. O Grecia hace unas semanas. O California ahora mismo… Diseñar un modelo que consista en la extracción periódica de biomasa del interior de los montes, además de fraccionar la continuidad del combustible en los lugares adecuados, es sin duda la mejor medida que podemos aplicar para evitar los grandes incendios forestales. O quizá la única. Estamos, pues, ante la que quizá sea la única emergencia cuya prevención puede ser rentable. Este es nuestro planteamiento. No negamos que pueda haber otros, pero este es el nuestro, algo mucho más importante que un simple plan de explotación más o menos rentable de la biomasa forestal.
La comercialización de derechos de emisiones de CO2 es un mercado en auge ¿Extremadura por su riqueza forestal y medioambiental podría ser un actor importante en dicho mercado?
Yo estoy convencido de que va a ser así, sobre todo desde el punto de vista de la capacidad de absorción y fijación de CO2 que tienen los sumideros extremeños, nuestros bosques y dehesas. De hecho el Protocolo que suscribimos en su día las empresas extremeñas, Acciona, la pública Avante y el Presidente de la Junta de Extremadura, recoge este apartado, en el que yo, personalmente, tengo puestas muchas ilusiones y esperanzas. Es algo novedoso, que nos va a permitir a los que tenemos poco más que naturaleza, campos, bosques y dehesas, sacar una significativa rentabilidad a nuestro papel de purificadores del aire que la humanidad respira. Avanzaremos en su desarrollo a lo largo de los próximos meses.
¿La biomasa debería formar parte de la estrategia en la lucha contra los incendios en regiones como Extremadura?
Como ya le he dicho, no es que deba formar parte de la lucha contra incendios, es que es esencial para prevenirlos, para evitar sobre todo los grandes y destructivos incendios que se desarrollan como consecuencia de la enorme cantidad de combustible acumulado que hay en el interior de los bosques. En nuestra región la media de crecimiento de la vegetación es de 2 a 4 Tm/hectárea/año. Un bosque completamente limpio de excedentes de vegetación, en 5 años tendría combustible suficiente para que cualquier incendio que se produzca en su interior esté fuera de capacidad de extinción casi desde su inicio. ¿Cuál es la clave, pues, para evitar los grandes incendios? Reducir la biomasa disponible en los bosques y mantenerla siempre en cantidades inferiores a 10 Tm/ha. O sacamos el combustible o el monte se acabará quemando tarde o temprano. Y cuanto más tarde en quemarse, más grande será el incendio que vendrá, por la sencilla razón de que habrá mayor cantidad de combustible acumulado. La respuesta es bien simple: hay que extraer periódicamente los excedentes de vegetación de nuestros montes. Y eso es biomasa. Y esta necesidad para prevenir una emergencia, da una enorme oportunidad al Aprovechamiento Sostenible de la Biomasa Térmica y Eléctrica. Justo lo que nosotros estamos desarrollando en Extremadura.
En aquellas comarcas más afectadas por los incendios de los últimos años ¿qué especies serían las ideales para su reforestación? ¿También serían factibles cultivos de frutales?
La clave está en romper la continuidad de masas forestales uniformes, que son altamente inflamables, y están ocupadas por distintas variedades de pino y eucaliptos. Si fraccionamos la continuidad del combustible reduciremos las superficies quemadas en cada incendio. Y si reducimos la densidad de la vegetación, estaremos atacando directamente la intensidad que puedan tener los incendios del futuro. Nuestro objetivo es crear paisajes resistentes y resilientes al fuego. Y certificarlos, para lo que hemos iniciado conversaciones con AENOR. Estamos en condiciones de afirmar que, al final, las administraciones y los particulares que quieran seguir nuestro modelo podrán decidir el tipo de incendios que quieren tener, su tamaño y su intensidad, pues ello depende fundamentalmente del diseño que hagamos en cada uno de los montes. El fuego no es elegible en esta parte del planeta, pero su tamaño y su intensidad sí. Nuestro objetivo es crear Bosques Resistentes al Fuego. Y trabajar en un modelo de certificación normalizada que sea exportable. No se lo que tardará el mundo en darse cuenta de que la solución que nosotros proponemos es la única posible, pero tarde o temprano lo hará. Mejor es que estemos preparados y vayamos por delante.
Y, respondiendo a su pregunta.., sí, los cultivos con especies no inflamables, como viñedos, la mayoría de los frutales, olivar, etc, son factibles. Y además, una buena herramienta frente al fuego para intercalar, en mosaico, en los bosques densos de nuestras principales zonas forestales. Romper la continuidad del combustible, no implica necesariamente, dejar amplias zonas desnudas de vegetación, ni mucho menos. Esas zonas pueden perfectamente ocuparse con frutales, olivar, viñedos, castañares… Así estaremos creando espacios resistentes al fuego, muy ricos en biodiversidad y mucho más bellos desde el punto de vista paisajístico.

La Junta espera tramitar un decreto de ayudas de 12,5 millones de euros para fabricación de biocombustibles y carbón vegetal antes de final de año

La biomasa está llamada a ser un actor protagonista en el futuro energético de Extremadura. Gracias al Fondo Europeo Agrario de Desarrollo Rural, la Consejería de Economía e Infraestructuras de la Junta de Extremadura podrá tramitar un decreto de ayudas para incentivar la fabricación de biocombustibles sólidos y carbón vegetal en la región, con el que se pretende dinamizar la actividad económica en el medio rural.
La acción va dirigida al fomento de actividades destinadas a la fabricación de biocombustibles sólidos a partir de biomasa forestal y de residuos agrícolas, tales como los pellets y el carbón vegetal, siendo los beneficiarios las pequeñas empresas y microempresas de las zonas rurales.
Para ello se invertirán 12,5 millones de euros procedentes de los Fondos Europeos Agrarios de Desarrollo Rural, FEADER, en el marco del programa de Desarrollo Rural de Extremadura 2014-2020, cuyo objetivo de gasto ha dado hoy luz verde la Comisión Europea.
La Junta de Extremadura resalta la singularidad de esta medida, ya que es la primera vez que este organismo europeo decide aprobar la financiación de una subvención destinada a la fabricación de biomasa sólida, pero que para una región como Extremadura resulta “fundamental”, indica la consejera de Economía e Infraestructuras, Olga García.
Extremadura es predominantemente agrícola y con un gran potencial de biomasa, añade la consejera, que estima el importante número de cultivos agrícolas de arroz, tomate, frutales, olivo, viña, hortícola y tabaco; y la extensa producción de biomasa forestal residual de montes y dehesa.
“Sin embargo, el 91% de ese potencial no es aprovechado y ello a pesar de ser un producto cada vez más utilizado tanto como combustible para calderas en el hogar como en la generación de energía renovable”, explica García, quien señala los cinco requerimientos que se han hecho en los dos últimos años a la Unión Europea, desde la Dirección General de Industria, Energía y Minas, para que permitiera este uso de los fondos FEADER.
Las pymes y micropymes de las zonas rurales extremeñas podrán acogerse a una ayuda del 30% de la inversión subvencionable, con un máximo de 2.000.000 euros por establecimiento industrial, tanto si comienzan la producción como si transforman su actividad a la producción de biocombustibles sólidos, hasta el 31 de diciembre de 2020.
En la actualidad existe un centenar de empresas dedicadas en la región a la fabricación de carbón vegetal, pero con esta medida de apoyo a la inversión regional, la Junta de Extremadura espera contribuir al crecimiento del sector en el campo de la generación y del abastecimiento de biomasa, que, en opinión de la consejera Olga García, se está erigiendo “en uno de los sectores que más empleo puede generar y sin obviar que su desarrollo contribuye a la protección del medio ambiente, dado los bajos niveles de contaminación que presenta”.
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