Mes: mayo 2023
Energías renovables sí, pero con cariño
Texto: Alberto Álvarez Méndez
Business Development Manager
Arram Consultores
Hacerlo bien, buscando generar un impacto social y medioambiental positivo, no significa retrasar la transición a las renovables
Con lo presente que lo tenemos a día de hoy, casi parece mentira que las primeras conversaciones sobre la amenaza que representaba el cambio climático se remonten a finales de los años 70. Fue entonces, en la Conferencia Mundial sobre el Clima de Naciones Unidas, donde, por primera vez, se buscó establecer estrategias globales para estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera. Vinieron después el Convenio Marco sobre Cambio Climático (1992) y el Protocolo de Kioto (1997), con sus altos y sus bajos. Más de 40 años después, y con el Acuerdo de París de fondo, sin embargo, parece que por fin existe unanimidad acerca de la importancia de avanzar juntos hacia la neutralidad climática y, lo que es más importante, voluntad para impulsarla. Mirar hacia otro lado ya no es una opción. Pero ¿qué puede aportar el sector energético en este ámbito?
Hace ya tiempo que las energías renovables pasaron a ocupar un lugar significativo entre las herramientas identificadas para afrontar la crisis climática. En la última década, de hecho, su implantación ha experimentado un crecimiento exponencial, animada, también, por el aumento de los precios del petróleo.
El impulso de las renovables en España
En el contexto actual, marcado por una crisis energética mundial que empuja a reducir urgentemente la dependencia de los combustibles fósiles y en base al denominado “paquete de invierno” (“Energía limpia para todos los europeos”, COM (2016) 860 final), que la Comisión Europea presentó en 2016, España aprueba en marzo de 2021 el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC), en el que se establece como principales objetivos; la descarbonización, el impulso de las energías renovables; la eficiencia energética; la seguridad energética; el mercado interior de la energía; y la promoción de la investigación, la innovación y la competitividad.
En cifras, para 2030, el Plan busca:
- un 23% de reducción de emisiones de GEI respecto a 1990.
- un 42% de renovables en el uso final de la energía, el doble que en 2020.
- un 39,5% de mejora de eficiencia energética; y
- un 74% de presencia de energías renovables en el sector eléctrico, en coherencia con una trayectoria hacia un sector eléctrico 100% renovable en 2050.
La buena noticia es que el Plan afronta actualmente su primera revisión al alza, pues ya se superan las expectativas marcadas: el parque de generación con fuentes de energía renovables en España a finales de 2022 ascendió a 70.452 MW, registrando el valor máximo histórico, y con él se ha producido el 42,2 % de la generación total según datos de Red Eléctrica Española (REE).
El desafío territorial
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) tiene como objetivo estratégico que el 100 % de la energía producida en España en 2050 provenga de fuentes renovables para lo que espera alcanzar el 74 % de energía eléctrica renovable en 2030 frente al 42,2 % obtenido en 2022.
Ahora bien, esa transición energética presenta importantes retos territoriales. Según la Agencia Internacional de la Energía, las ciudades consumen un 67 % de la energía y suponen un 70 % de las emisiones de dióxido de carbono, aun cuando únicamente suponen un 3 % del territorio mundial, lo que resulta en una gran desigual en la implementación de las instalaciones renovables en los territorios. España, en particular, se caracteriza por ser de los países de la Unión Europea con la mayor desigualdad en lo que a la distribución de su población se refiere. Nos encontramos con territorios pequeños y rurales poco poblados y que padecen profundos procesos de despoblamiento. El 84 % de los municipios españoles tiene menos de 5.000 habitantes según el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Como resultado, son los municipios rurales los que albergan aproximadamente el 81 % y el 85,5 % de las plantas de producción solar y eólica.Sin embargo, las inversiones renovables ubicadas en zonas rurales no llegan a traducirse en un significativo impacto social positivo para las mismas, ya que el despliegue de renovables por sí sola no puede corregir las tendencias de despoblación que sufren algunas zonas de España desde hace décadas. Esto es: aun dejando un retorno local en forma de impuestos para las administraciones locales e ingresos por el alquiler de terrenos para los propietarios de las tierras, su reducida intensidad en empleo sigue siendo su principal punto débil.
Maximizar los beneficios para todos
Este desequilibrio generado, debe ser afrontado por los implicados desde un intenso diálogo, predisposición y por supuesto desde el Cariño, entendido desde sus definiciones de “Inclinación de amor o buen afecto que se siente hacia alguien o algo” y/o “Esmero o afición con que se hace una labor o se trata una cosa” según Real Academia Española (RAE).
Cariño para minimizar su impacto negativo y maximizar sus beneficios, priorizando un modelo energético no especulativo que desligue la producción de energía de las dinámicas de máxima rentabilidad, que incentive la economía local, generación de empleo directo e indirecto permanente, la disminución del consumo y la eficiencia de la producción, y por supuesto, buscando el menor impacto en la biodiversidad.
Desde ARRAM Consultores, asesoramos a nuestros clientes para lograr esta cohesión con el territorio, fomentando la comunicación transparente y fluida con entidades públicas y privadas, aportando estratégicas socioeconómicas, garantizando la conservación de la biodiversidad con medidas compensatorias adaptadas al territorio de implantación y animando la participación ciudadana a fin de hacer frente a las verdaderas necesidades locales.
Identificar los problemas que se pueden generar es imprescindible, así como la implantación de medidas en plena coordinación con estas comunidades locales y bajo una lógica de creación de valor compartido.
Un gran ejemplo de ello, lo encontramos en la certificación del Sello de Excelencia en Sostenibilidad desarrollado desde la Unión Española Fotovoltaica (UNEF), cuyo objetivo es validar y consolidar su compromiso con las comunidades en la que se instalan, evaluando las medidas propuestas por los promotores, englobadas en 4 ejes principales:
- El Impacto socioeconómico, que busca la creación de valor compartido con la comunidad local en la que se ubicará el proyecto.
- Los criterios de gobernanza, implicando a la comunidad local en el desarrollo del proyecto y garantizando que atienda a las necesidades específicas del territorio.
- La Integración ambiental y protección de la biodiversidad, incorporando medidas de integración de la biodiversidad y renaturalización.
La Economía Circular, asegurando la gestión de residuos al final de su vida útil.
Tenemos la oportunidad de cambiar el presente produciendo energía de forma respetuosa con el entorno, para mejorar nuestro futuro y aportando, así, múltiples beneficios sociales, económicos y medioambientales. Por eso, debemos abogar por una gestión no precipitada y ordenada, necesaria para armonizar el desarrollo energético, vigorizando el compromiso para minimizar el impacto de la transición energética sobre algunos de nuestros valores más singulares, sensibles y amenazados de las áreas rurales.
Aunemos esfuerzos y busquemos el camino del cariño. Haciendo referencia al refrán popular, “Dos no se pelean si uno no quiere”.
La generación fotovoltaica crece un 38% en España en abril mientras la hidráulica cae un 5,4%
La demanda eléctrica nacional experimentó en abril un descenso del 7,7% con respecto al mismo mes del año anterior, una vez descontados los efectos de temperatura y laboralidad, según datos de Red Eléctrica de España. En términos brutos, se estima una demanda de 17.678 GWh, un 9,7% menos que la de abril de 2022. En el acumulado de los cuatro primeros meses de 2023, España ha registrado una demanda de 80.330 GWh, un 4,3% menos que en el mismo periodo de 2022. De nuevo, una vez tenidos en cuenta los efectos del calendario y las temperaturas, la demanda desciende un 4,2% respecto a 2022.
Durante este mes, la producción renovable ha alcanzado los 10.967 GWh, el 52,1% del total del mix y ha sido un 0,3% superior a la de abril de 2022. Por su parte, la producción del conjunto de tecnologías que no emiten CO2 equivalente ha significado el 75,4% del total.
Por sexto mes consecutivo, la eólica ha sido la fuente líder, con una producción de 4.728 GWh y una cuota del 22,5%, de acuerdo con los datos provisionales disponibles a día de hoy. Por su parte, la solar fotovoltaica generó 3.563 GWh en abril, un 38% más que en el mismo mes de 2022, anotando un máximo de generación mensual que supera en un 5,4% al último registrado en julio de 2022. Su cuota de participación en el mix fue del 16,9%. La hidráulica, cuya participación en abril ha sido del 8,1% del total, ha generado este mes 1.699 GWh, un 4,6% menos respecto al mismo mes del 2022.
Según datos de Red Eléctrica de España, en los cuatro primeros meses del año, la demanda peninsular ha sido de 75.732 GWh, un 4,5% menor que la registrada en 2022. Una vez tenidos en cuenta los efectos de la laboralidad y las temperaturas, la demanda desciende un 4,4%.
El conjunto de renovables peninsulares generaron el 53,9% del total en abril, según los datos provisionales disponibles a día de hoy, que muestran una producción de 10.778 GWh, un 0,2% más que en el mismo mes del año anterior. Por su parte, las tecnologías libres de emisiones aportaron el 78,4% del total.
La estructura de generación peninsular de abril está liderada también por la eólica que ha sido responsable del 23,1% del total con 4.620 GWh producidos durante este mes.
El autoconsumo en las industrias ya se nota en la relación entre el crecimiento del PIB español y su consumo energético
Hasta hace no muchos años se creía que la relación entre el crecimiento del producto interior bruto de un país y el crecimiento de su consumo energético tenía una relación directa, sin más matices. Lo ocurrido primero durante los años más duros de la pandemia del Covid, pero sobre todo con la puesta en marcha por parte de sectores intensivos en consumo energético de prácticas de autoconsumo y de eficiencia energética han roto esta relación tan estrecha.
Según los últimos informes de Red Eléctrica sobre el comportamiento de la demanda eléctrica en el mercado español, la evolución de la elasticidad entre la demanda eléctrica y el PIB mantiene una tasa de relación baja, tal y como viene mostrando en los últimos años: elasticidad de 0,1 en el período 2017-2021. Es decir, en los últimos años se aprecia una práctica ausencia de relación entre estas variables, tal y como se viene poniendo de manifiesto tras la recuperación económica que se produjo tras la crisis de 2009.
2021, el menor ascenso de la demanda registrado en comparación con el ascenso del PIB, vendría explicado, tal y como se viene observando, por esta menor sensibilidad de la demanda eléctrica a la variación de la actividad que, en el caso particular de ese año vendría dado por la confluencia ciertos efectos estructurales que son los que se vienen apuntando hace tiempo en cuanto al desacople entre la demanda eléctrica y el PIB, y que a efectos meramente enumerativos serían:
-Cambios en la estructura productiva del país, con una mayor participación en el PIB de sectores en los que su aportación al PIB es mucho más elevada que la energía eléctrica necesaria para realizarla.
-Situaciones particulares de algunos sectores muy intensivos en el uso de la energía eléctrica.
-La penetración del autoconsumo en industrias, actividades de servicios y hogares que estarían detrayendo demanda al conjunto del sistema eléctrico.
-Mejoras en la eficiencia eléctrica de los agentes económicos y de las familias.
En cambio, otro factor que ha ganado protagonismo acelerado en el caso de la demanda eléctrica de los distintos territorios y comunidades autónomas ha sido el de las temperaturas y el cambio climático. Desde el punto de vista de la influencia de las temperaturas sobre la demanda, en los últimos años comparados con la media histórica, muestran temperaturas más calurosas en verano y más suaves en invierno. Los grados día con efecto frío son menores en un más de un 6% a los valores medios y los grados día con efecto calor han sido superiores en un 15% a los valores medios del período considerado. En varios de los últimos años se han llegado a tener hasta un 21,0% de los días con temperaturas muy superiores a la temperatura media histórica, lo que tiene un impacto directo sobre el gasto energético de familias, comercio, empresas e industrias. Y especialmente sobre algunos sectores claves para el consumo energético como el de servicios o turismo.
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